El Genocidio Armenio: retomando donde lo dejó Reagan

Nota de opinión de Noubar Afeyan, cofundador de la Iniciativa Humanitaria Aurora y de Anthony Barsamian, copresidente de la Junta Directiva de Armenian Assembly of America, publicado en el diario The Hill, el 14 de abril de 2017. 
 
“Hace treinta y seis años, el Presidente Reagan hizo lo que ningún presidente se había atrevido hasta entonces. Usó el término “genocidio” para referirse a los horríficos actos que tuvieron logar entre 1915 y 1923; la erradicación sistemática del pueblo armenio en manos de los turcos otomanos. Este brutal acontecimiento mató a más de 1,5 millones de armenios y desplazó a otros 500.000, dejando a la población armenia total en un tercio de lo que era antes del genocidio. 
 
En la actualidad, la población mundial armenia se ha recuperado y cuenta con 10 millones de habitantes, de los cuales 1,5 millones residen en la diáspora armenia de los Estados Unidos. Este increíble rejuvenecimiento se produjo debido a las heroicas acciones realizadas por personas que actuaron como salvadores, enfrentando la adversidad. 
 
Y ninguna nación hizo más que Norteamérica. La formación del fondo Near East Relief en 1918 se dio gracias al Embajador Henry Morgenthau para prevenir la aniquilación completa de la población armenia. El gobierno norteamericano respondió creando en 1919, a través de una ley del congreso, el Near East Relief (NER), que proporcionó ayuda humanitaria a la lejana nación de Armenia. 
 
Entre 1915 y 1930, NER administró una asistencia de U$S 117 millones, el equivalente de U$S 1,25 mil millones en la actualidad. Cerca de mil hombres y mujeres sirvieron en el extranjero durante ese tiempo y miles de personas más se ofrecieron como voluntarios para construir decenas de orfanatos, escuelas de formación profesional y centros para la distribución de alimentos, salvando, así, la vida de más de un millón de refugiados armenios, griegos y sirios, incluyendo a 132.000 huérfanos dispersos por la región, desde Tiflis hasta Constantinopla. Near East Relief fue un acto de filantropía sin precedentes que el historiador estadounidense Howard M. Sachar señaló que “literalmente, mantuvo viva a toda una nación”.
 
Los armenios fueron la primera población de refugiados a gran escala del siglo XX y, tristemente, la historia se repite hoy en día cuando vemos a unos 65 millones de personas desplazadas huyendo para salvarse. Desde Siria hasta Sudán, esta historia se desarrolla diariamente frente a nuestros ojos. Por ello, debemos reconocer los horrores del pasado para recordarnos, constantemente, qué es lo que puede suceder en el futuro. El ganador del Premio Nobel y sobreviviente del holocausto, Elie Wiesel lo dijo mejor: “La neutralidad ayuda al opresor, nunca a la víctima. El silencio alienta al torturador, nunca al atormentado”. 
 
No reconocer la verdad es un esquema peligroso, pero olvidarla es aún peor. Esta noción no se perdió en Adolf Hitler quien, de manera infame, aludió al genocidio durante su segundo discurso a los comandantes de la Wehrmacht, una semana antes de que invadieran Polonia en 1939. Comandó a sus llamadas unidades de la cabeza de la muerte “con la orden de matar sin piedad ni misericordia a todos los hombres, mujeres y niños de la raza polaca. Sólo así ganaremos el espacio que necesitamos. ¿Quién habla hoy sobre el exterminio de los armenios?”. 
 
Pero Hitler estaba equivocado en su valoración y muchos sí recordaban a los armenios. El reconocido académico y abogado de derechos humanos, Raphael Lemkin acuñó el termino de “genocidio” en 1941, citando a los armenios. Irónicamente, fue capaz de incluir la palabra “genocidio” en la sentencia contra los líderes nazis cuando fueron juzgados en Núremberg. 
 
En 1951, Estados Unidos conmemoró los violentos actos contra las víctimas de genocidio ante la Corte Internacional de Justicia, declarando:
 
“La práctica del genocidio ha ocurrido a lo largo de la historia de la humanidad: la persecución romana de los cristianos, las masacres turcas de los armenios, el exterminio de judíos y polacos por parte de los nazis son sobresalientes ejemplos del crimen de genocidio”. 
 
Sin embargo, la memoria es frágil y en gran medida es inconveniente para la convivencia diplomática moderna. 
 
El Presidente Reagan se dio cuenta de la importancia de recordar el pasado, sin importar cuán desafiante podría resultar políticamente. Lo recordó en 1981, cuando declaró: “Como el genocidio de los armenios, como los anteriores a ese y el genocidio de los camboyanos que vino después – y como muchas otras persecuciones de muchos pueblos – las lecciones del holocausto nunca deben ser olvidadas”. Él comprendió la importancia de mantener vivo ese tema, mientras que otros en la historia habían optado por minimizarlo o utilizarlo para promover sus propias agendas. 
 
Desde el presidente Reagan, los candidatos presidenciales de ambos partidos han hecho, rutinariamente, referencia al Genocidio Armenio y prometieron que lo reconocerían formalmente cuando fueran electos. Pero tristemente, las sensibilidades políticas primaron cuando estos candidatos asumieron el cargo. Algunos presidentes lo llamaron “masacre”, “una tragedia terrible” y “una tragedia en masa”, pero ninguno tuvo el valor de llamarla por su nombre: un genocidio. 
 
En comparación con varios de los problemas con los que se enfrenta un presidente, categorizar a la atrocidad armenia como genocidio puede parecer bastante pequeña, pero la historia exige una contabilidad adecuada. Algunos han comparado al Presidente Trump con el Presidente Reagan, especialmente cuando irrumpió el “viejo orden”. Por el bien de la historia, este 24 de abril, en el 102° aniversario del Genocidio Armenio, esperemos que Trump pueda retomar el tema donde Reagan lo dejó hace 36 años.
 

 

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