2016 Ganador del Premio ICFJ: Rukmini Callimachi

2016 Ganador del Premio ICFJ: Rukmini Callimachi

Callimachi fue seleccionada por su ejemplar dedicación a la exposición de atrocidades

23 de abril, 2016 – EREVÁN,  ARMENIA – El International Center for Journalists (ICFJ, Centro Internacional de Periodistas), en colaboración con 100 LIVES, ha concedido el premio inaugural a la Integridad Periodística a Rukmini Callimachi, del New York Times. Ella recibirá el premio por su excepcional contribución al exponer crímenes contra la humanidad, durante la ceremonia inaugural del Aurora Prize for Awakening Humanity, el 24 de abril, en Ereván, Armenia. 

El premio ICFJ a la Integridad Periodística celebra la valentía, el compromiso y el impacto de un periodista que informa desde la primera línea de las zonas de crisis del mundo. Quienes lo reciban, deben demostrar una valentía sin igual a la hora de informar sobre la difícil situación de comunidades en peligro y un compromiso férreo con la integridad, la libertad y la justicia. 

“El periodismo de Callimachi es un brillante ejemplo del poder del periodismo en llevar la atención del mundo hacia abusos impensados”, dijo la Presidente del ICFJ, Joyce Barnathan. “Su trabajo provee esperanzas de que las víctimas serán escuchadas y protegidas”.

Callimachi ha expuesto la terrorífica institucionalización de la esclavitud sexual del Estado Islámico (EI), ha vinculado el trabajo infantil de las minas de oro de Senegal con los bancos suizos y ha revelado masacres cometidas por fuerzas gubernamentales y rebeldes desde Costa de Marfil hasta Mali. En un momento en el cual el riesgo que corren los periodistas es más alto que nunca, Callimachi se ve motivada por contar estas historias.

“Como periodista, no creo que uno decida conscientemente ponerse en peligro, simplemente haces tu trabajo”, dijo Callimachi. La recompensa es que el periodismo es como una linterna que arroja luz sobre un problema, un delito, un abuso gubernamental o alguna atrocidad”. “Estoy muy agradecida y recibo este premio con humildad y con la esperanza de que mi trabajo sirva para iluminar, de una mínima forma, los rincones más oscuros del mundo”. 

El premio a la Integridad Periodística surgió a partir de la colaboración entre ICFJ y 100 LIVES, una iniciativa global pionera, basada en los hechos ocurridos durante el Genocidio Armenio, que busca compartir notables historias de sobrevivientes y de sus salvadores, así como celebrar la fortaleza del espíritu humano. 100 LIVES y le Premio Aurora fueron establecidos para expresar gratitud a quienes pusieron sus vidas en peligro para salvar a los armenios del Genocidio de hace cien años. 

“El periodismo es una de las herramientas más valiosas que tenemos para iluminar y aliviar el sufrimiento humano”, señaló Ruben Vardanyan, cofundador de 100 LIVES y del Premio Aurora. “El compromiso de la señora Callimachi a la hora de exponer los atroces crímenes contra la humanidad es realmente ejemplar. Estamos orgullosos de tener la posibilidad de honrar a aquellos periodistas que, con su firme compromiso y actividad informativa inspiran a otros a intervenir y a actuar”. 
 

Historias que no pueden ser ignoradas 

Esclavitud sexual. Hambruna. Trabajo infantil. La corresponsal del New York Times en el extranjero, Rukmini Callimachi, ha reportado sobre las atrocidades más espeluznantes que los seres humanos pueden cometer contra sus semejantes. Ella viajó a las zonas más conflictivas y peligrosas del mundo y ha visitado a las comunidades más vulnerables para informar sobre el inconmensurable sufrimiento humano.

La implacable actividad informativa de Callimachi ha expuesto crudas realidades necesarias de contar. Su artículo de investigación “El Estado Islámico consagra la teología de la violación”, ofrece una visión clara y poco frecuente de la terrorífica institucionalización de la esclavitud sexual. Ella mostró, como nunca antes, cómo el abuso sexual, estaba arraigado en la ideología del Estado Islámico (EI). Callimachi entrevistó a 21 víctimas, se escabulló entre las comunicaciones oficiales de EI y examinó informes de Human Rights Watch y Amnistía Internacional para escribir su artículo, dándole voz a las víctimas.

Y lo hizo a pesar del incomparable riesgo que corren los periodistas que reportan sobre el EI. “Como quedó demostrado con la decapitación de James Foley, hay grupos como el Estado Islámico, que consideran a los periodistas `combatientes enemigos’ y los acusan de cometer el delito de dar a conocer hechos que no coinciden con su visión del mundo”, señala Callimachi y agrega que “en la actualidad, los periodistas corremos el mismo riesgo que los soldados: somos el enemigo y, por tanto, objetivos legítimos”. 

Y, aún así, Callimachi ha incursionado reiteradamente en territorio enemigo. Ella hurgó en archivos saqueados para encontrar cartas escritas por el supuesto director general de al-Qaeda en Mali. Pasó semanas acompañando a los familiares de los desaparecidos, mientras desenterraban cuerpos de personas árabes o tuaregs asesinadas en manos de las tropas malíes.

Si desenterrar cadáveres no impidió que ella siguiera informando sobre las atrocidades terroristas, tampoco la amedrentó su experiencia de ser la única periodista que fue testigo de la masacre cometida por las fuerzas gubernamentales en Costa de Marfil hace varios años. Cuando escuchó a los sobrevivientes decir dónde tuvieron lugar las matanzas, se encaminó con cautela hacia la zona, hasta llegar al lugar en el que se encontraban los cadáveres.  

Su técnica narrativa, que toma el punto de vista de la víctima, pone de manifiesto la cruda realidad. En una ocasión, entrevistó a centenares de niños del África occidental y los acompañó en su vida cotidiana para poder relatar, en detalle y en primera persona, sus historias de explotación. También ha sacado a la luz la manera en la que algunos colegios islámicos de Senegal empujan a los niños a mendigar con falsas promesas de educación, el vínculo entre el trabajo infantil de las minas de oro de Senegal y los bancos de Suiza y la trata de niños desde África a Estados Unidos. 

Ella expone todas estas violaciones de los derechos humanos con la esperanza de generar un cambio. Su crónica sobre el suplicio de los muertos que ella misma vio en Mali, obligó al gobierno a abrir una investigación sobre la matanza. Y, en Costa de Marfil, los abogados que trabajaban en colaboración con la Corte Penal Internacional utilizaron sus pruebas para argumentar el caso.

Esto es lo que alimenta la esperanza de Callimachi para el futuro. “El periodismo es como una linterna que arroja luz sobre un problema, un delito, algún ejemplo de abuso gubernamental”, señala. “Estoy muy agradecida y recibo este premio con humildad y con la esperanza de que mi trabajo sirva para iluminar, de una mínima forma, los rincones más oscuros del planeta”.