Tender una mano durante un viaje angustiante

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El fraile franciscano Tomás González Castillo ofrece un refugio para los inmigrantes que deben enfrentarse con la violencia, se ven amenazados y sufren el acoso cuando huyen de la persecución. Les ofrece un lugar para dormir, comida, agua, asesoramiento, cuidado espiritual y asistencia legal. Acepta a todos los migrantes con los brazos abiertos y les tiende la mano que tanto necesitan.
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El fraile franciscano Tomás González Castillo ofrece un refugio para los inmigrantes que deben enfrentarse con la violencia, se ven amenazados y sufren el acoso cuando huyen de la persecución. Les ofrece un lugar para dormir, comida, agua, asesoramiento, cuidado espiritual y asistencia legal. Acepta a todos los migrantes con los brazos abiertos y les tiende la mano que tanto necesitan.
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Los cientos de centroamericanos que cada semana huyen de sus hogares y van al norte de los Estados Unidos, no toman a la ligera la decisión de emprender este viaje. Muchas veces los migrantes viajan sobre los trenes comerciales de alta velocidad, a menudo expuestos a temperaturas extremas, con escasa comida y bebida. A lo largo de la ruta, deben enfrentarse a los robos, la violación, la extorsión y, muchos de ellos, son asesinados antes de llegar a su destino final.

El fraile franciscano Tomás González Castillo trabaja para revertir eso. En 2011 fundó La 72, Hogar y Refugio para proporcionar un lugar seguro y comidas calientes para los migrantes que realizan un viaje extremadamente difícil hacia el norte. Les brinda un lugar para dormir, asistencia psicológica, espiritual y pastoral, además de un asesoramiento legal y representación en caso de que lo requieran.

El fraile Castillo llegó al sureste de México en 1995 para proveerles comida y cobijo a los inmigrantes que lo necesitasen. Pero en 2010 tomó medidas a largo plazo respecto a la urgente necesidad de una institución integral y así llegó La 72. En agosto de ese año, 72 inmigrantes que buscaban libertad fueron secuestrados, torturados y masacrado cuando viajaban por México, rumbo al norte. Una semana más tarde, ocurrió otra masacre en las cercanías, cuando tres inmigrantes fueron golpeados hasta morir.

 

 

Luego de estos terribles sucesos de violencia, el fraile Castillo sintió la necesidad de hacer más. “En ese momento, sabíamos que no podíamos continuar con el cuidado de las personas sin abordar el problema mayor. Empezamos a defender de manera persistente los derechos humanos, a proteger a las víctimas de los secuestros cuando eran liberados, a las mujeres que eran violadas y comenzamos a recibir a un gran número de personas”, dice.

Así surgió La 72 y hoy le da la bienvenida a entre 70 y 80 nuevas personas cada día. Muchas mujeres que han sido violadas en sus países de origen o en el camino, a menudo abusadas reiteradas veces durante su viaje migratorio, reciben cuidados en La 72. Muchos llegan al refugio después de haberse cruzado con delincuentes que amenazaron sus vidas, quienes según el fraile Castillo “pueden hacerte desaparecer sin que nadie lo sepa. Y si intentas ir a las autoridades, te extorsionarán”.

El fraile Castillo recibe a todas las personas con los brazos abiertos, incluso a quienes podrían ser rechazados por otras instituciones religiosas. La 72 es uno de los primeros refugios que se especializa en el trabajo con la comunidad LGBTQ, a quienes el fraile Castillo reconoce como especialmente importante debido a la discriminación y el rechazo que estas personas deben enfrentar dentro de sus propias familias y comunidades. “Lo que hacemos es proporcionarles un refugio y, al igual que con todos los demás que llegan a nuestra casa, les brindamos servicios de protección, independientemente de su origen”, explica. “Por supuesto que todos los que llegan son vulnerables, pero algunos son aún más vulnerables a la intolerancia y estas son las personas LGBT”. La 72 provee servicios para la salud mental y también ayuda a los migrantes de la comunidad LGBTQ a encontrar trabajo en las comunidades locales, oportunidad que a muchos se les niega en sus país de procedencia.

Sin importar el origen o los traumas de los que huyen, el fraile Castillo se ha propuesto a ayudar a los migrantes de La 72 a que se sientan como en casa y a recordarles que ellos también tienen derechos humanos. “Siempre los recibimos y tratamos de hacer algo para alivianar su padecimiento”, esto significa que cuidan a los sobrevivientes de las agresiones sexuales o consuelan a los hombres, mujeres y niños que han sufrido daños extremos y violentos durante su camino. Hace poco llegó una mujer que perdió un pie luego de que fue atropellada por un tren. El fraile Castillo intentó confortar a esta mujer, madre de una niña, mientras se encontraba en el hospital. Ella compartió sus temores de regresar al peligroso viaje junto con su pequeña hija. “Ella no sabía cómo continuar”, dice el fraile Castillo. Le dijo que tenía miedo porque recientemente los atacantes intentaron secuestra a un hombre que había dejado La 72 y, finalmente, lo asesinaron.

Las historias como estas incentivan al fraile Castillo a continuar con su trabajo, a pesar de ser no remunerado y sin un pronto final. A pesar de la incesante violencia y las dificultades extremas, La 72 siempre tiene sus puertas abiertas para los migrantes.

Con su trabajo con La 72, el fraile Castillo proporciona no sólo alimentos y un refugio para los migrantes durante su peligroso viaje, sino que también les provee asistencia, asesoramiento y representación legal. Gracias a su compromiso, todos los días menos víctimas sucumben a los peligros del camino y muchos finalmente obtienen los derechos y la representación que buscan.

En este camino de tanta angustia y tantos traumas, el fraile Castillo agradece a su fe y su esperanza en la humanidad por inspirarlo a continuar con este trabajo todos los días. “Las personas tienen derecho a vivir seguros”, explica. Es realmente desafortunado que aquellos que ya de por sí tienen poco, pueden ser víctimas de tanto horror”.

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El fraile franciscano Tomás González Castillo ofrece un refugio para los inmigrantes que deben enfrentarse con la violencia, se ven amenazados y sufren el acoso cuando huyen de la persecución.
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