Atrapado en una zona de guerra

Atrapado en una zona de guerra

A pocos kilómetros de la frontera con El Líbano, los residentes de una ciudad siria se ven privados de alimento, agua y refugio. El alguna vez idílico resort montañoso de Madaya ha estado sitiado durante los últimos dos años, rodeado de minas terrestres y por las fuerzas sirias opositoras. Sus residentes mueren de hambre debido a la escasez de alimentos. En medio del sufrimiento y de la violencia, Muhammad Darwish provee atención médica y documenta las condiciones de los pacientes, en su mayoría niños, para llamar la atención internacional a esta ciudad montañosa.
Madaya, una pequeña ciudad situada en las montañas sirias, alguna vez fue conocida como un popular destino turístico. Antes de 2015, la ciudad de aproximadamente 40.000 habitantes, fue el hogar de Muhammad Darwish, un joven de 26 años que completó sus estudios y le quedaba tan solo un año para graduarse con el título de odontólogo. 
 
Pero todo cambió en el verano de 2015, cuando Madaya se convirtió en el campo de batalla para las fuerzas sirias opositoras. Muchos de sus residentes se vieron obligados a huir, abandonando sus casas y sus pertenencias. Aquellos que se quedaron, se vieron rodeados por 14.000 minas terrestres y continuos ataques de francotiradores y bombas. La vida tal como ellos la conocían, fue destrozada. 
 
 
Después de la universidad, Muhammad regresó a Madaya, donde presenció las escenas de la destrucción. Sus calles estaban llenas de cuerpos mutilados y sangre. Los que se quedaron, creaban ecos con sus penetrantes gemidos de dolor. Miles de personas resultaron heridas y la mayoría de los médicos habías huido o habían sido arrestados. Muhammad se alistó como voluntario y su formación en odontología le permitió ayudar hasta donde podía. 
 
“Era mi deber con mi hogar, con mi pueblo y su gente”, dice Muhammad. Estas personas eran familiares, amigos, personas normales con vidas normales y esta guerra los había desgarrado. Imaginen el crudo llanto de un niño, cuya propia sangre se mezclaba con sus lágrimas en su rostro y traten de no hacer nada. Yo no pude, tenía que actuar”. 
 
Al principio, había un doctor de quien Muhammad pudo aprender. Pero se marchó a comienzos de 2016. Entonces, sus enseñanzas comenzaron a llegar a través de la aplicación de mensajería internacional WhatsApp. Recuerda la primera cirugía que tuvo que realizar. “Era abdominal”, dice Muhammad. “Normalmente, hay un equipo altamente capacitado y experimentado de anestesistas, cirujanos, enfermeras. Le dije a los padres de este paciente que no estábamos capacitados, ni siquiera entrenados, pero nos dijeron que lo hiciéramos de todos modos. Esa conversación quedará conmigo para siempre. Estar en una posición en la que tienes que dejar que alguien sin un entrenamiento apropiado opere a tu hijo y para que yo asuma esa responsabilidad de abrir a una persona viva, que respira, sobre una mesa, simplemente, no debería ocurrir”. 
 
Muhammad realizó la operación. En cada paso, tomaba fotos de lo que sucedía y las enviaba a los médicos voluntarios en el extranjero, vía WhatsApp. Todo el tiempo debía salir de la habitación, enviar las fotos, esperar la respuesta, luego volver a esterilizar el equipamiento y regresar al quirófano. Gracias a Muhammad y al equipo, esa operación fue un éxito, al igual que las muchas otras que siguieron durante los meses y años posteriores. 
 

 

El sufrimiento en Madaya no termina con las víctimas de la lucha armada. Hacia el final del año 2016, la ciudad sufría de hambre. Hoy, las personas mueren, lentamente, de inanición. Los bebés necesitan leche, los recién nacidos han fallecido por no tener el alimento que necesitan y muchos han recurrido a alimentarse de plantas silvestres e insectos. 
 
Muhammad confirma que, si bien llega una cierta ayuda internacional, esta se limita al arroz y a los granos de frijoles; todos carbohidratos. Esto ha llevado al kwashiorkor, una forma severa de desnutrición causada por la falta de proteínas y sus nutrientes esenciales. 
 
“La enfermedad causó 600 víctimas que son niños y, de los cuales, cada tres fallecen”, dice Muhammad. “Intentamos tratarla, pero entonces apareció la meningitis, causando más víctimas. Además de esto, cerca de 100 pacientes vienen al hospital todos los días con heridas causadas por los bombardeos y los francotiradores. No hay mucho que podamos hacer sin medicamentos y materiales vitales, además de que el apoyo aún es inexistente. Incluso cuando se consigue algo, muchas veces, no es lo que necesitamos”. 
 
Desde hace dos años no hay electricidad, ni gas, ni madera. Madaya se ubica en una gran altitud donde hace frío y nieva. Quienes aún permanecen allí han desarmado sus muebles y los han utilizado para hacer fuego, pero ahora ya no queda nada. El hospital está intentando operar en condiciones imposibles. Muhammad continúa trabajando en la ciudad, mientras que suplica ayuda a la comunidad internacional. 
 
“El asedio es sofocante. Es constante y total. Debe terminar. Necesitamos ayuda, sea financiera, moral o protección física, necesitamos darle un futuro a esta ciudad”, dice. 
 
Después de meses de vivir sitiados, Muhammad y miles de otras personas fueron evacuadas de Madaya. Mientras que su evacuación fue suscitada por las devastadoras imágenes de niños muriendo de hambre, enviadas a la comunidad internacional por Muhammad y sus colegas médicos en enero del año pasado, la ayuda no llegó a tiempo para salvar a 28 ciudadanos, incluyendo a seis bebés, quienes recientemente murieron de inanición.
 
“Un día, volveré a capacitarme y volveré aquí de nuevo para servirle a la gente como corresponde”, dice Muhammad. “Un día, obtendré  mis calificaciones y seré un médico real y experimentado, no alguien forzado a experimentar por las circunstancias”. 
 
Muhammad Darwish es finalista del Aurora Prize for Awakening Humanity 2017. En representación de los sobrevivientes del Genocidio Armenio y como gratitud hacia sus salvadores, el Premio Aurora tiene como objetivo generar conciencia pública sobre las atrocidades que suceden en el mundo entero y recompensar a aquellas personas que trabajan para abordar esas grandes problemáticas de una forma real y sustancial. La Gratitud en Acción ocupa un lugar central para la Iniciativa Humanitaria Aurora. Innumerables sobrevivientes de todo el mundo le deben su oportunidad en la vida a la generosidad de otras personas. A través de la Gratitud en Acción, los cofundadores de la Iniciativa Humanitaria Aurora desean inspirar a todos aquellos que han recibido ayuda en momentos de crisis a expresar su gratitud al ofrecer una asistencia similar a otras personas.