María Guleghina

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Los críticos musicales la llaman la cantante soprano más espectacular de nuestros tiempos. Sus presentaciones agotan localidades en los espacios culturales más prestigiosos, que van desde La Scala hasta el Met. Su magnífico registro vocal ha recogido ovaciones impresionantes de las audiencias más caprichosas de lugares como Viena, Zúrich y Moscú, hasta San Francisco, Tokio y Sídney. Ella hará mención de sus orígenes armenios en cualquier lugar en el que realice sus interpretaciones. El nombre de soltera de la renombrada cantante de ópera María Guleghina es Meytarjian.
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Los críticos musicales la llaman la cantante soprano más espectacular de nuestros tiempos. Sus presentaciones agotan localidades en los espacios culturales más prestigiosos, que van desde La Scala hasta el Met. Su magnífico registro vocal ha recogido ovaciones impresionantes de las audiencias más caprichosas de lugares como Viena, Zúrich y Moscú, hasta San Francisco, Tokio y Sídney. Ella hará mención de sus orígenes armenios en cualquier lugar en el que realice sus interpretaciones. El nombre de soltera de la renombrada cantante de ópera María Guleghina es Meytarjian.
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Los antepasados de María Guleghina proceden de Erzurum y Van. Su abuela María (Mano) Martirosi Gyadukian (nacida en 1905) y su abuelo Mkrtich Yeghishei Meytarjian (nacido en 1898) eran niños cuando comenzó el Genocidio Armenio. Se vieron obligados a escapar a Javakhq, en aquel momento parte del Imperio Ruso. 

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                                      María y Mkrtich, los abuelos de María Guleghina 
 

La familia luego se mudó a Odesa, donde nació María, pero ella considera que su tierra de origen es Akhaltsikhe en Georgia, donde pasaba vacaciones y recesos durante sus años de infancia y adolescencia. A los 19 años, María se casó con un armenio de Javakhq y se mudó a Akhaltsikhe para siempre. Por ese motivo, la cantante de ópera en ascenso se transformó en ama de casa armenia.

“Las mañanas comenzaban dando de comer a las gallinas y regando el jardín de la cocina,” dice María. “Mi suegra solía decir que el lugar para una mujer no era el escenario sino la cocina y el jardín. Me costaba mucho aceptar ese concepto y un día de repente decidí que simplemente no tenía derecho a enterrar mi talento. Existe una pequeña cantidad de armenios ¿no es así? Imaginemos qué pasaría si cada armenio talentoso se ocupara de dar de comer a las gallinas en vez de trabajar en lo que le gusta”.

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                                                               María y su hija Natalia
 

Con su hija Natalia, María regresó a Odesa, donde se graduó en canto del Conservatorio de Odesa.

Yevgeni Ivanov, su maestro y mentor, le enseñó cómo trabajar la voz. Una vez que evaluó las infinitas posibilidades de su voz y su personalidad tan trabajadora, Ivanov le aconsejó trabajar para llegar a ser una soprano notable. “Vas a poder ejecutar cualquier cosa”, le dijo. Guió a la joven María hacia el Teatro de la Ópera y Ballet de Bielorrusia, pero le dieron la espalda porque ella insistía en que se cantaran las óperas en sus idiomas originales. Trabajó en la Opera House de Minsk durante seis años, al tiempo que interpretaba partes monofónicas con Luciano Pavarotti en La Scala de Milán.

En 1986, ganó la “Tchaikovsky International Competition” (Competencia Internacional Tchaikovsky). Después de eso surgieron premios y reconocimientos uno detrás del otro. En 1987, decidió marcharse de Bielorrusia debido a las muy limitadas posibilidades de viaje que tenía. “Me llevé algunas notas musicales, un disco de Rachmaninov en el que él mismo ejecutaba, los discos de Talkovy Horovitz, aprendí “Aída” en italiano en cinco días y me marché”, recuerda María. Se mudó a España, donde le ofrecieron un trabajo en el Teatro de Oviedo. La joven y talentosa cantante llamó la atención de los mejores teatros de Europa y comenzó a hacer presentaciones regulares en el mundo occidental.

 


 
                  Extracto de "Turandot", la ópera de Puccini, en el Metropolitan Opera House
 

María le debe todos sus logros a su esmerado trabajo, su amor por la vida, una evaluación realística de sus propios méritos y a estar agradecida por todo lo que Dios le ha dado. “La voz es mi alma, es mi vida”, dice la diva. Su voz tiene tanto alcance y poder que fallan los micrófonos del estudio durante las grabaciones. 

En la actualidad, María Guleghina vive en Luxemburgo. Sus actuaciones están programadas al menos con tres años de anticipación. Los grandes directores Valery Gergiev, Gianandrea Gavazzeni, Riccardo Muti y otros consideran un honor trabajar con ella. Ha compartido el escenario con la crème de la crème: Luciano Pavarotti, Placido Domingo, Leo Nucci y Renato Bruson. 

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         Plácido Domingo y María Guleghina actuando en "Lecouvreur", una ópera de Francesco Cilea
 

Nada de esto fue fácil. María nació con serios problemas en las piernas y enfermedad cardiaca. Los médicos no sabían si sobrevivía y hasta le sugirieron a la mamá que dejara a la recién nacida en el hospital. Pero su madre, quien era médica y profesora, hizo lo imposible para literalmente poner a su hija de pie. Los ortopedistas le indicaron un tipo de masajes con extensiones muy duras; procedimiento muy doloroso que hacía que los gritos de dolor de la pequeña María resonaran en la calle. 

 

“Mi voz surgió de este dolor. Gritar se transformó en el motivo por el que se desarrollaron mis cuerdas vocales,” dice María.  

 

La persistencia de sus padres dio sus frutos: a los cuatro años su hija se pudo poner de pie derecha y unos pocos años después comenzó a danzar. Soñaba con transformarse en una bailarina de ballet, pero su padre no la apoyaba con esa idea. “Mi padre hubiera preferido matarse antes que dejarme estudiar ballet en la escuela”, dice María. “Estaba convencido de que era una desgracia para una niña armenia mover sus piernas en presencia de hombres”. Pero Aghas Meytarjian no se opuso a las clases de canto, ya que él mismo era un excelente cantante. Además fue uno de los primeros que notó el talento de su hija. 

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                                           María Guleghina en los escenarios de Ereván. Abril de 2015

María fue educada en el seno de una familia con un respeto especial por el folklore armenio. “Crecí con las melodías de Komitás y las canciones de Sayat-Nová. El abuelo Mkrtich y la abuela Mano me inculcaron un gran amor por la música Armenia en mí. Generalmente, amo todo lo relacionado con Armenia. Me ofende cuando la gente no logra ver lo armenio que hay en mí”, dice la cantante.  

Y, sin embargo, no tiene que considerarse armenia: nacida en Ucrania, hija de madre judía, vive en Europa y realiza presentaciones en todo el mundo.

“Mi legado es extremadamente importante para mí. La sangre de dos naciones sometidas al Genocidio corre por mis venas. Estoy dedicada a mis raíces y estoy orgullosa de mis ancestros”, dice María.  

 

 


 

"Vocalice", en la actuación del concierto "Revival", de la orquesta 24/04, dedicado a las víctimas del Genocidio Armenio: recuerdo, gratitud, lucha internacional y renacimiento. Ereván, abril de 2015

 

María Guleghina admite haber cometido el error de cambiar su nombre de soltera armenio por el de su segundo esposo. “Si fuera inteligente no lo habría hecho. ¿Qué problema hay con que a los europeos se les hace difícil pronunciar Meytarjian? No es mi problema. Al haberme transformado en una cantante renombrada consideré seriamente retornar a mi nombre armenio, pero mis agentes me convencieron de que no lo hiciera. En cualquier caso, en mis entrevistas menciono a menudo que mi apellido es Meytarjian y que mis ancestros provienen de Van y Erzurum”. 

 

La historia fue verificada por el Equipo de Investigación de 100 LIVES.

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Internacionalmente reconocida diva de la ópera
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